lunes, 6 de agosto de 2012

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Un baile. Solo pensaba en eso ahora. Y que no nos vea nadie. Un baile en secreto. Quizás también un café. No digo que debamos hablar, ni contarnos nuestra vida, solo beber café compartiendo la mesa. En una ciudad de la que podamos olvidar el nombre. Tampoco es que debamos sentarnos juntos para ser amigos. Eso nunca. Tienes que ser para siempre un desconocido. Un desconocido con los labios sellados y las palabras perdidas en algún cuaderno que no lleves encima, pero con una mirada que me incomode lo suficiente como para que no te olvide nunca.

(Los imposibles en azul, como casi todo.)

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