Siempre tendría que haber alguien loco,
que le diese una patada al suelo y tirase todos los muebles.
Que te grite que no todo está bien,
que no tiene que estarlo
y te discute que lo hagas
Y las locuras se dicen a gritos
y a empujones,
rasgando camisetas y paredes.
Ese alguien con quien ir al fin del mundo
para que te empuje en el borde.
Ese alguien a quien grites,
por su nombre,
las cinco letras de la semana
Que si cuelgas boca abajo las pinzas de la ropa
todo recobra sentido,
que si tienes miedo
puedas llamarle, por las mañanas
desde el fondo de tu almohada.
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