Sabes?
A veces tengo miedo de un monstruo grande y negro.
Bueno, tengo miedo de muchas cosas la verdad y sé que piensas que soy una miedica (miedica y un poco chiflada) pero éste los supera a todos.
Porque ése es el primer paso, como en toda terapia de autoafirmación, primero lo admitimos y acto seguido aparecen todas las ganas del mundo de reventar contra la pared. Podrías ir corriendo y chocar, pero no serviría de nada; porque, si soy sincera, el único símil algo parecido es el de esa personita que corre por dentro de tu cabeza de un lado al otro, chocando, primero, un poco más arriba de la oreja derecha y después de la izquierda, y así alternativamente (porque tú, en realidad, no te mueves).
Y ese monstruo grande y negro (negro no, perdón, ausente de color, que no es lo mismo) sigue ahí parado. No sabes a cuanta distancia, ni si está a ciencia cierta, pero esa es la impresión que tienes; la de que el tiempo se ha parado, se ha escurrido como un vaso de agua y tú no has hecho nada por evitarlo. -tú no, yo, claro-
Todo ese gran bote que te dan cuando naces y te dicen gástalo poquito a poco, tú le abriste la tapa y en un descuido dejaste que se saliera.
Hay gente que necesita usarlo todo de golpe, un cambio forzado, sin elección, todo su tiempo a cambio de unas experiencias que seguramente prefieran no recordar. Pero les sirvió de salvavidas, era la única solución; pero tú, imbécil, dejaste el frasco abierto.
Perdiste las ganas de pelear.
La capacidad de discutir, esa única cosa de la que sentirte orgullosa, el poder tirar murallas a base de golpes con la cabeza.
Las apoyaste en una esquina y olvidaste en cuál, al igual que la tapa del bote, puedes repetirlo una y otra vez, desastre!, que te entrará por un oído y te saldrá por el otro.
Con el bote vacío y el mal genio perdido la percepción varía. Ese ser que corre de una otra de tus orejas no puede salir y poco a poco pierde velocidad, cae de rodillas antes de que puedas gritarle sigue intentándolo. Otra de esas palabras que añadir a la lista de las que empiezan por a: apatía.
Y el espejo por la mañana no te devuelve la imagen que percibes, pero la miras y dices:
- me la quedo, esta me gusta más.
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