lunes, 1 de noviembre de 2010

A-zul.

Estoy enamorada del color A-zul. No quiero evitarlo. Es precioso. A veces me parece que huele a casa, a una casa cualquiera. Sin-estesia y con-ventanas. Pintaría una pared de cada habitación del color de mi bufanda. Pero eso es lo de-menos, lo de-más y lo que sobra es lo que se va a llevar X en la maleta, espero que podamos meterlo todo. Ya te contaré. De momento solo hay cambios en los billetes de tranvía, y en el viento. Viento de poniente, dicen. Yo lo sé por la bandera que hay al otro lado del río.
La velocidad sigue a 15 nudos desde hace días, ya sabes. Aunque yo no lo entiendo. En algún momento deberías pararte a explicarme por qué hago las cosas que hago. Sino intentaré hacer un mapa con todo y mandártelo en cualquier caja de cartón de la mudanza. O te lo puede acercar X cuando se vaya, y así no se pierden las cosas de antes, a ver qué dice.
Aquí no llueve nunca. Es una ciudad de sol, de esas que salen en las noticias del medio día en verano.
Y os echo de menos, a ti y a la lluvia,..a X también, sobre todo porque sé que tiene que irse, se lo van a llevar esta semana. Es mejor así. Ellos después van a venir a cambiar la cerradura de la puerta, la del oído izquierdo, que es por dónde vienen siempre a convencerme todos. Voy a decirles que pongan un pestillo por dentro, muy alto, claro, como la suma de mi altura y las sillas de la cocina. Así me será más dificil abrir la puerta a cualquiera.

Y cuando me quede sola con mi espacio libre voy a poner todo nuevo, con cortinas que dejen pasar la luz a todas partes.

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